CHENGDU/SANTIAGO, 13 ene (Xinhua) — Durante gran parte de la última década, la exportación de cerezas de Chile hacia China funcionó con un calendario ajustado.
Desde diciembre hasta principios del año siguiente, la fruta maduraba en los valles centrales chilenos. Semanas después, justo antes del Año Nuevo Lunar chino, llegaban como un lujo estacional: escasas, caras y estrechamente vinculadas a la festividad. La lógica era simple: las cosechas del hemisferio sur coincidían con las festividades del hemisferio norte, y el valor dependía tanto del momento como del sabor.
Ahora, esa lógica se está resquebrajando.
Al inicio de 2026, más de un mes antes del Año Nuevo Lunar, las cerezas del país sudamericano ya estaban ampliamente disponibles en China a precios muy por debajo de los establecidos anteriormente. Cajas de calibre JJ (con un diámetro de 28 a 30 milímetros) y un peso de unos 2,5 kilogramos se vendían por alrededor de 159 yuanes (unos 22,7 dólares) en los principales supermercados de Chengdu, en la provincia suroccidental de Sichuan. Algunos precios promocionales cayeron incluso a 99 yuanes, alrededor de un 40 por ciento menos que un año atrás.
En los mercados mayoristas locales, los precios bajaron de forma aún más pronunciada, y algunas variedades de alta calidad fueron cotizadas a casi la mitad del nivel del año previo.
Todo esto no apunta a un debilitamiento de la demanda. Más bien, refleja un cambio estructural en la forma como la oferta llega al mercado.
Los importadores afirman que el tradicional cuello de botella que antecedía al período festivo se ha superado. Mou Ming, gerente general de Shanghai Langhao Global International Trade Co., Ltd., señaló que la logística mejorada ha reducido la necesidad de que las cerezas inunden el mercado en una corta ventana festiva.
La redistribución del tiempo cuenta también con un trasfondo institucional. El acuerdo de libre comercio entre China y Chile, actualizado en 2017, dispuso que más del 97 por ciento de los productos comercializados contara con aranceles cero, lo cual redujo los costos fijos de entrada para las apetecidas frutas. Con el tiempo, esto estimuló no solo volúmenes más altos, sino también la inversión en una logística que fuera capaz de entregar grandes cantidades con mayor previsibilidad.
El resultado es una relación comercial altamente especializada. En la temporada pasada de cosecha, más del 90 por ciento de las exportaciones de las cerezas chilenas fueron a China. Tal grado de certeza de la demanda ha permitido a la industria organizar la producción y los envíos a lo largo de todo ese período, en lugar de centrarse en un único pico festivo.
Claudia Soler, directora ejecutiva del Comité de Cerezas de Frutas de Chile, describió la relación tanto económica como cultural. China es el mercado que permitió la expansión de la industria. El color rojo y la forma redondeada de la fruta se alinean estrechamente con el simbolismo cultural chino, especialmente alrededor del Año Nuevo Lunar, cuando el producto ha pasado a convertirse en un regalo popular, símbolo de felicidad y éxito, comentó la ejecutiva.
La variable decisiva, sin embargo, llegó por los mares. Como lo explica Soler, para garantizar un flujo constante a China, Chile ha invertido fuertemente en el fortalecimiento de su capacidad de transporte marítimo directo en los últimos años.
Desde 2018, el país andino ha operado una ruta de envío directo a China, conocida como el «expreso de la cereza», que reduce el tiempo de tránsito de aproximadamente 30 días a unos 23. Para el final de 2025, este corredor de envío específico se había ampliado aún más, duplicando el número de viajes directos en comparación con el año previo. Esto posibilita que el producto alcance su destino en mayores volúmenes durante el pico de la temporada de cosecha.
Tal alternativa marítima, más rápida y confiable, ha disminuido la dependencia del costoso transporte aéreo de carga, otrora esencial para cumplir con las fechas límites de las festividades. Una fuente del sector en Chengdu, vinculada con una organización de logística portuaria, destacó que en años anteriores, el comienzo de la temporada a menudo dependía de dicho transporte aéreo para «competir contra el tiempo». Este año fue diferente, pues los buques rápidos que han entrado en operación permiten ahorrar casi 10 días en comparación con años anteriores, agregó.
Al haberse minimizado el riesgo logístico, la oferta puede liberarse gradualmente en lugar de hacerlo todo a la vez, amortiguando los picos de precios y suavizando la entrada al mercado.
Este cambio ha remodelado los incentivos en el origen de la producción. De acuerdo con datos de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura de Chile, la superficie cultivada de cerezas se ha multiplicado por alrededor de veinte desde el año 2000, duplicándose casi de unas 38.392 hectáreas en 2019 a 70.686 hectáreas para 2024.
Quienes hacen parte de la industria atribuyen en parte este rápido crecimiento a la formación gradual de un sistema logístico orientado al mercado chino, lo que ha dado a los cultivadores chilenos expectativas más claras sobre el tiempo, permitiéndoles extender la siembra y planificar la producción con mayor confianza.
Los centros de procesamiento en las regiones centrales de Chile ahora operan bajo una lógica temporal diferente. El tiempo sigue siendo crítico, pero ya no es el único factor. En el pasado, un envío retrasado podía perderse por completo el Año Nuevo Lunar, afectando las ganancias y convirtiendo una gran cosecha en un pasivo. Hoy en día, la optimización del transporte ha facilitado a los exportadores distribuir los despachos a lo largo de la temporada, disminuyendo el riesgo siempre presente en una única navegación marítima.
Para exportadores como Garces Fruit, el mayor de cerezas de Chile, China se ha vuelto esencial en cuanto a la viabilidad de la industria. «Sin el mercado chino, no existiría la industria de la cereza chilena», aseguró Hernán Garcés, gerente de exportaciones de la compañía. Este es claramente un comercio de «ganancias compartidas», que brinda un respaldo al empleo en la cosecha, el procesamiento y la logística, agregó.
En temporada alta, las tres plantas de procesamiento de Garces Fruit manejan hasta dos millones de kilogramos de cerezas por día y dan trabajo a unas 6.000 personas. A nivel nacional, se estima que el período de cosecha de dos meses genera entre 400.000 y 600.000 empleos temporales, según medios chilenos que citaron estimaciones del sector, lo cual subraya su peso económico.
Lo que ha cambiado no es la escala sino los tiempos. La temporada de cerezas sigue siendo intensa, aunque menos comprimida.
Para los consumidores chinos, estas frutas ya no están limitadas a una breve avalancha prefestiva que brinda una opción ante la necesidad de realizar compras con intensidad previamente al Año Nuevo Lunar. Frutas de Chile calcula que en la temporada 2025-2026, el país exportará alrededor de 110 millones de cajas de cerezas (cinco kilogramos por caja, esto es, aproximadamente 550.000 toneladas), y más del 90 por ciento tendrá a China como destino.
Chile, históricamente asociado al cobre, ve como la cereza se ha erigido en un pilar de las exportaciones agrícolas, que sostiene unos 200.000 puestos de trabajo estables. Para China, esta cadena de suministro ha reconfigurado silenciosamente los patrones de consumo: una fruta que antes se regía por la escasez y la ceremonia, es ahora un producto de disponibilidad extendida. Su valor ya no lo dicta únicamente el calendario festivo, sino la eficiencia con que dos hemisferios comparten ahora el mismo reloj.
